Creo que aquellos que se jactan de nunca haber sufrido por amor, no saben cuánto se pierden, no tienen la menor idea.
Las despedidas entonces, sean éstas desde el punto de vista que las tomemos, son horribles: nos dejan con ese "gustito a no se qué", esa desazón, esas ganas de llorar y patalear hasta que pasen los días. Yo, personalmente, prefiero evitarlas... prefiero que sigan de largo: como esas cosas que nunca queremos afrontar. Se me hacen insoportables.
A su vez también me hacen sentir en la obligación de decir cosas "trascendentales", o algo que "quede en la historia"; alguna frase abstracta que resuma todo.
Y no, no siempre tengo ganas de despedirme de vos. No quiero trescientas despedidas y cien cartas de amor, no quiero vivir despidiendote como si acaso eso tapara lo que nos hace falta. Quiero millones de bienvenidas, infinitas peleas y un mundo de reconciliaciones. Asique, si te vas, que sea por la puerta de emergencia, porque no pienso soportar otro acto de cobardía como este. Que sea sabiendo que acá no podes volver nunca, pero nunca más. Y aun más que todo lo anterior, sabiendo que todo lo que digo dura lo que nosotros peleados. Que acá espero, te espero.
Con esto quiero decir, que. Buen viaje.
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